¿Pasión por el pragmatismo?

Otra cuestión es que Lenin no alcanzase a ver en vida su tarea totalmente realizada. Pero bien claro quedó escrito por él, en su opúsculo “El Estado y la Revolución”. Que debes leer, Javier, antes de seguir perdiéndote por esas calles de Dios.

Aunque podría animarme a ganar terreno situando este inicio en una parte más avanzada del diálogo que mantengo con Javier aquí en Kaos, el respecto a guardar las normas de continuidad teatral me obligaría a no romperlas a conveniencia, sin embargo, en este preciso instante, en razón de facilitar con antelación la comprensión global del texto que me permito realizar, me inclino por transgredir las normas e indico directamente al lector que puede adelantarse a conocer de antemano como yo, por este enlace, la totalidad de la respuesta de Javier a mi turno anterior:

https://pasionporelpragmatismo.blogspot.com/2020/04/aforismo-x-del-nuevo-desafio.html. El mío, lógicamente, sigue residiendo en: https://archivo.kaosenlared.net/los-pactos-del-coronavirus/. Y, de aquí, a lo que sigue en continuidad normal:

JAVIER: La clave de todo la tiene Albert Einstein. Él decía: «Si no puedes explicarlo sencillamente, no lo has comprendido suficientemente bien«. Yo creo que a Enrique y a Javier les ocurre algo de esto. Y es que lo que Enrique expone a Javier es sobradamente conocido y certero. La cuestión es cómo ponerlo en marcha, cómo explicarlo sencillamente para que sea comprendido suficientemente bien por todos, e incluso por ellos mismos. Ese es el desafío que tienen por delante. Alternativas han surgido muchas y siguen surgiendo. ¿Pero son realmente alternativas? ¿O son realmente más de lo mismo de siempre?

ENRIQUE: (Un tanto irritado) De qué clave me hablas, Javier. Yo entiendo perfectamente lo que he dicho. Otro cuento sería que no lo quisieses entender tú. Pero no. Porque son cosas de Marx, de cuyas citas te has valido siempre y constantemente ante mí para apoyar tus razones. ¿O será que ya no te vale? Aunque tampoco, pues, de otro modo no calificarías de certeras las razones que te aporté anteriormente, y puesto que el hecho de que sean conocidas no las invalida ni un ápice.

No. Más bien me inclino a pensar que vuelves a lo que ya te había advertido no utilizar conmigo: A valerte reiterativamente de innumerables citas de filósofos, sicólogos o pensadores en los que apoyar tus opiniones, y para lo cual me aportas además los enlaces convenientes sobre donde consultar las citas. Te lo he agradecido, pero… ¡Vamos!… ¿No eres tú el “pragmático” que, también como K. Marx, decía que la auténtica filosofía debía ser fundamentalmente “praxis”? No puede ser que, de ayer a hoy, ya lo hayas olvidado. Pues, además, lo que es a mí, lo que en verdad me interesa de ti son tus opiniones reales. Las citas, frecuentemente, cuando me hallo concentrado (y ya te lo había dicho en nuestro anterior diálogo) solo logran despistarme. Y mucho peor me resultan los enlaces abusivos.

JAVIER: (Mostrándose incontinente) Podría ser lo que dices, Enrique, pero es que el biopoder, que diría Michel Foucault, es muy poderoso. Quién lo expresa también muy bien es John Holloway, y en la Wikipedia explica esto sobre lo que apunto de una forma muy certera:

Poder-hacer y poder-sobre: Para Holloway existirían dos aspectos del poder. Por un lado estaría el poder-sobre (power-over en inglés) el cual es aquello que domina y subyuga la posibilidad creativa humana. Por otro lado estaría el poder-hacer (power-to-do en inglés) el cual es la potencia creativa humana. En otros tiempos estos fueron entendidos como potentia y el primero como potestas. La propuesta política de Holloway consiste en liberar el poder-hacer de su existencia auto-negada o reificada en la forma de poder-sobre. Holloway entiende la existencia del poder-sobre como producto histórico de los modos de producción de las sociedades de clases. Esta es la razón principal por la que argumenta que el estado, como poder-sobre, es una forma capitalista de dominación, por lo tanto incapaz de convertirse en medio de la revolución. Por el contrario, sostiene que el estado es una organización nada neutral (a diferencia del concepto instrumental del estado concebido por el leninismo) cuya función básica es la reificación del poder-hacer en poder-sobre. Asimismo, considera crucial la diferenciación entre el estado y la comuna o consejo de trabajadores (soviet).”

ENRIQUE: (Impaciente)  Pero… ¿Acaso no te das cuenta, Javier, me llevas a lo mismo? ¡Y dale… Cuán lejos nos queda lo del PSUP de ayer, con lo de los Pactos del Coronavirus… Y otra más a las citas! Aunque, ya que has vuelto a ello, te responderé a esa: No conozco a Holloway, ni deseo conocerlo, de momento. No obstante de una cosa estoy seguro: De que Lenin nunca consideró que el Estado pudiese llegar a “convertirse en medio de la revolución”. Ni, mucho menos, que fuese una organización neutral, sino que sostuvo claramente que la revolución comunista, para ser tal, debería sobrepasar, como condición final, la desaparición del poder del Estado. Y también Lenin diferenciaba a los soviets del Estado. Otra cuestión es que Lenin no alcanzase a ver en vida su tarea totalmente realizada. Pero bien claro quedó escrito por él, en su opúsculo “El Estado y la Revolución”. Que debes leer, Javier, antes de seguir perdiéndote por esas calles de Dios. Y otra cosa, que tal vez por conveniencia la ignores: Que yo sepa, el comunismo no llegó todavía a realizarse en ningún estado o nación del mundo. Por aproximación al mismo, nosotros tan sólo hemos tenido noticias, y de oídas, del socialismo real, que sí lo hubo y lo hay. Otra opción es que haya quienes prefieran, con todos los disimulos que se antepongan a sí mismos, las causas capitalistas. Y aquí lo dejo, Javier. Es por no seguir para aún liarla más, y me parece lo mejor. Aunque, si es que quisieras seguir, pero siempre en lo concreto, quedo a tu disposición.

Y aquí se cierra el…

TELÓN

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